Mercados activos de ciudad

Actualizado: 4 de oct de 2019



Las calles de nuestras ciudades se transforman constantemente para darnos paso a diferentes tipos de actividades, usos y apropiaciones que hacen más dinámico e incluyente el espacio público. Sin embargo cuando algunas calles se “especializan” para enfocarse o simplemente para disuadir otros usos, y en muchos casos a favor de los carros, como las autopistas, se segregan algunos sectores que se terminan por ignorar y eliminar de la identidad colectiva.

En efecto, el poder de la calle como elemento clave en el tejido de ciudad, se establece por ser el lugar de excelencia donde se canaliza y se dirige tanto lo físico (mercancías, gente) como lo inmaterial (servicios, capitales, cultura, ideas). La diversidad de actividades en ellas permite una gran movilidad de personas lo que brinda una oportunidad particularmente animada y atractiva de recibir estímulos, activando positivamente las ciudades[1].

El comercio es precisamente uno de los factores de primer orden en la distribución del espacio urbano (otros factores primarios son la vivienda o el trabajo), que en respaldo con otros usos secundarios y una conexión legible, podría conformar una simbiosis urbana[2] sostenible en el espacio público.

En este caso, para que se logre, es importante concebir un tipo de iniciativas desde un punto de vista integral, que no solo explota el lugar generando una plusvalía individual sino que a su vez puede enriquecer el sector. En otras palabras, un aprovechamiento del suelo con nuevas demandas y motivaciones culturales con beneficio real para el vecino así como para el visitante, sin volverse una “actividad gentrificadora[3]” o un espacio excluyente con limites sociales y/o físicos para desarrollar cierto tipo de actividades.



Así, los mercados al aire libre, que como referentes de patrimonio, enlace social y, principalmente, de desarrollo de la economía local, se pueden entender también como estructurantes de un territorio, ya que reactivan sectores y sinergias sociales temporales promoviendo espacios flexibles que admiten la llegada de comercio, cultura u ocio. Dentro de estos podemos encontrar los mercados de artesanías (ej.: SanAlejo[4]), de segunda mano, de libros, de ropa, de productos agrícolas o ferias gastronómicas, entre otros.

Por ejemplo en Medellín, los Mercados Campesinos, con 30 años de existencia[5], es una actividad donde se promulga el comercio justo eliminado los intermediarios, beneficiando a los productores o artesanos locales (campesinos de los corregimientos del municipio) y ofreciendo productos sanos con sellos de buenas prácticas agrícolas[6]. Igualmente, se instaura en lugares estratégicos[7] de la ciudad donde no solo prioriza el desarrollo de la economía sino que su vez fomenta la cultura en un espacio público perceptible, que sin importar su temporalidad o su arquitectura, nos complace y nos sorprende aprehendiendo de los ciclos de las cosechas, reconociendo la gran diversidad de los productos de la región y valorando el trabajo del campo. Precisamente, este tipo de mercados nos acercan de una manera más respetuosa y sostenible a nuestro ambiente; son un puente fructuoso entre el campo y la ciudad.

Ahora, estos “mercados activos de ciudad” deberían seguirse impulsándose con nuevos objetivos ambientales, sociales y económicos, que apunten al equilibrio urbano-rural que tanto perdemos hoy en día. Impulsarse desde políticas urbano/rurales que apoyan a su vez la organización constructivo-espacial con la apropiación vivaz del espacio público. Al fin y al cabo, la identificación, la relación y el significado práctico o emotivo de la comunidad en estos lugares permiten, en reciprocidad con otras actividades, consolidar y aportar en la construcción de un sistema urbano regional viable.

[1] Gehl, J. (2009) La humanización del espacio urbano. Barcelona. Editorial Reverté.

[2] Jiménez, J. (2017) Simbiosis urbanas, comunidades mixtas. Tomado de https://lacebraquehabla.com/simbiosis-urbana/

[3] Neologismo basado en el concepto de gentrificación

[4] Mercado artesanal SanAlejo en el parque Bolívar, Medellín donde participan más de 400 personas ofreciendo a la ciudadanía sus creaciones. Se realiza todos los primeros sábados de cada mes.

[5] Instaurados según el acuerdo 39 de 1988. Zambrano, D. (2018) Mercados campesinos de Medellín: 30 años y contando. Tomado de http://www.elcolombiano.com/antioquia/mercados-campesinos-de-medellin-30-anos-y-contando-LF8698904

[6] Lo que también permita conocer un poco más allá la trazabilidad de los productos y ayuda a reducir la huella ecológica.

[7] A la fecha hay más de 20 puntos de encuentro distribuidos en la ciudad entre parques y plazas.


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Medellín, Colombia