¿Sirve el pico y placa ambiental?

Por: Equipo Más Urbano

Colaboradores:

María Salomé Taboada


Tras terminar la contingencia ambiental muchas preguntas han quedado sobre la mesa, una de ellas, tal vez la más frecuente, es si el Pico y Placa está funcionando. La respuesta puede variar según el ángulo desde el cual se le mire, de modo que, antes de enfocarse en la discusión de un asunto sobre el cuál aún no tenemos suficientes estudios para poder responder con la debida precisión, revisemos detalladamente lo que sí sabemos para avanzar en algunas propuestas que pueden considerarse a la hora de encontrar soluciones más adecuadas al problema ambiental en Medellín y su área Metropolitana.


Historia

Vamos a empezar por el momento en que el Pico y Placa comenzó a aplicarse. Esto fue hace 12 años cuando la ciudad dispuso que esta era la manera más adecuada de contrarrestar la creciente congestión a la que estaba sometida. La idea técnica era que si menos personas transitaban en sus carros en la hora pico la congestión disminuiría y con ella, los tiempos de desplazamiento por la ciudad. Si bien en el 2007, el sistema de transporte que tenia la ciudad era muy distinto al que se tiene hoy, recién se había inagurado solo la línea K del metrocable de oriente, no estaban las estaciones del sur del Metro y mucho menos el Metroplús o el tranvía.



(Plano del Metro de Medellín 2007 y 2019. Fuente Metro de Medellín, realización propia.)

Es evidente entonces que los medios de transporte colectivo en la ciudad hoy en día han mejorado mucho y más aún si le añadimos la red del sistema de bicicletas públicas. Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, esto no ha contribuido a reducir la congestión debido al continuo crecimiento del parque automotor. Asi pues, la medida del Pico y Placa en la hora pico se amplió, ya que pasó de 2 a 4 horas. Ahora bien, no sólo es la congestión la causa de que los tiempos de desplazamiento sean cada vez más largos, sino que además, cada vez vivimos más lejos del lugar al que necesitamos llegar, tal como lo muestra la última Encuesta Origen y Destino.



Una de las razones fundamentales de la congestión es la fricción que se da entre los vehículos en el flujo. Esto quiere decir que los niveles de tránsito de circulación de los vehículos, a una velocidad relativamente libre, están determinados principalmente por los límites de velocidad que se establecen, más la frecuencia de las intersecciones y otros condicionantes. En consecuencia, cuando el volumen crece, cada vehículo adicional que entra en la vía va obstaculizar en el desplazamiento de los demás, y es a esto lo que se le llama congestión.

En resumen, la causa que genera la congestión es el exceso de vehículos y la necesidad de desplazarse hacia lugares cada vez más distantes. Atribuir este fenómeno a causas distintas es desviar la atención sobre lo que realmente ocurre; la incorrecta definición de este problema lo único que causa es que la solución no sea la adecuada.

Con la medida del Pico y Placa se pretende disminuir esa congestión vehicular y con ello se piensa además, que se soluciona la crisis ambiental que se ha desatado en la ciudad. Es justamente en esto que profundizaremos más adelante: ¿La medida de Pico y Placa realmente contribuye a disminuir las emisiones tóxicas en el Área Metropolitana?


(Tráfico Autopista Regional con la Calle 30, Medellín. Tomada un día de pico y placa ambiental [alerta roja el 28/03/2019 a las 5:17 pm.
Autora: Rosa Angélica Meza

Ciudades Sostenibles

Cuando se habla de ciudades sostenibles, no solo desde un punto de vista ambiental sino también desde su significado más amplio, nos podemos encontrar con la siguiente definición: ciudades compactas, cohesionadas socialmente en las que se permite el desarrollo de actividades diversificadas en cercanía y que, mediante una gestión óptima de sus recursos (humanos, naturales, financieros y tecnológicos), pueden mantener también las condiciones actuales en un coherente crecimiento futuro.

Esto significa que más personas deberian vivir en un menor espacio, no solo que trabajen ahí, sino también que duerman, que se entretengan y que dispongan de todos los servicios necesarios a pocos kilómetros o metros. Ahora, cuando se escucha esto, normalmente hay preocupación ya que se piensa en altos edificios, con poco espacio público o rodeado de rejas, donde por ningún motivo se pasaría más tiempo del necesario en la calle y donde, por lo general, hay muchos problemas de convivencia. Una estigmatización causada debido a que en estas edificaciones se pueden albergar el triple o más de personas que en otro tipo de vivienda y donde, al fin y al cabo, sería muy difícil lograr un buen equilibrio entre lo público y lo privado; un argumento que evidencia a su vez un espacio segregado, deteriorado y abandonado. A todas luces, este panorama se presenta bastante desalentador, no obstante, el punto central de la densificación en la ciudad compacta se basa más en una equilibrada relación de complejidad, coexistencia y densidad.


Muchos de nosotros no sabemos, tal vez, que vivimos en una de las ciudades más densas del mundo, pero ¿qué significa esto?. La densidad de población se refiere al número promedio de habitantes en relación a una unidad de superficie dada del territorio (Densidad= Población/Superficie). Ahora bien este dato puede variar ya que “todo depende, de hecho, de la superficie de referencia elegida. La densidad bruta tiene en cuenta la totalidad del territorio considerado sin exclusión y la densidad neta sólo tiene en cuenta las superficies de las parcelas realmente ocupadas”. Asi pues, Medellín con una densidad bruta de 6621,49 hab/km² muestra que tiene gran número de personas (2 529 403 hab) en un espacio muy reducido (382 km²) y por esta razón, aunque hay otras ciudades con un mayor número de habitantes, no son más densas que Medellín.



Es cierto que el tipo de urbanización que tenemos en Medellín puede conducir a algunos problemas de salud. La OMS, por ejemplo, ha realizado algunas recomendaciones sobre el impacto que puede tener la concentración de la población y la aparición de nuevos riesgos para la salud, pero también, cita innumerables estudios donde tener ciudades con mayor densidad pueden hacer que sus habitantes sean más saludables y felices. Ciertamente, todo depende de un adecuado diseño urbanístico con el que se logre un buen equilibrio entre los espacios públicos, privados y servicios. La receta entonces para una ciudad sostenible es:

Concentrarse en un Urbanismo no Expansivo.

Mejorar la eficiencia y aprovechar mejor todos los recursos.